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Su opinión NO nos importa

CEOs impulsados por datos



El mundo es un constante sitio en construcción a la merced de la supremacía tech, el sentido común le rinde pleitesía a la evolución digital y las reglas del juego cambian a la velocidad de las innovaciones y los caprichos de la tecnología. Este universo en permanente estado de on going presenta diariamente nuevas demandas, pero también nuevas oportunidades. La premisa Horse del día: el mundo es digital y la única manera de leerlo y entenderlo es a través de la big data.


La nostalgia corporativa ya sólo tiene lugar en las series de ficción y las estrategias del pasado no son más que anécdotas de cafetín que slo hacen agua en este nuevo modelo económico. Atrás quedaron las decisiones tomadas en base a percepciones que hoy tienen la misma relevancia que los astros o en experiencias que por muy robustas y rimbombantes hoy resultan anacrónicas. Andá a decirle a Netflix que arme un focus group para detectar las preferencias de sus usuarios y definir los futuros contenidos o a Tesla que lance un par de encuestas para saber si la va a pegar con su auto eléctrico.


Y a pesar de que todos usamos términos como industria 4.0, web3, IA y repetimos como mantra que la transformación digital es la clave para que una organización subsista, paradójicamente, la mayoría de las empresas sólo analiza el 12% de los datos que tiene y solo el 1% lo hace de la manera correcta.


A saber: la potencialidad de los datos atraviesa todas las áreas del negocio y su análisis impacta en todas las instancias de toma de decisión. Evaluar con big data la influencia de un CEO como Jeff Bezos para definir las mejores estrategias para su posicionamiento es tan importante como usar los datos para entender cómo son los comportamientos de compra de los usuarios de Amazon. Lo segundo lo hace la mayoría, lo primero no tanto.


En esta nueva era en donde la incertidumbre es norma y la previsibilidad escasea, adoptar nuevas tecnologías para aumentar el impacto de cada intervención de un CEO, conocer el potencial de influencia de cada compañía y reducir los márgenes de error de cada decisión es vital para salir airoso.


La big data es la nueva fuente de la sabiduría, la enciclopedia que todo lo sabe y que nada se le escapa, una especie de gurú moderno sin pretensiones divinas ni delirios new age al que hay que empezar a rezarle sin pausa, y con prisa. Es el pilar de las recomendaciones concretas que ayudan a ejecutivos y a empresas a afinar sus estrategias de gestión de influencia y a planificar en base a métricas. Pero con la tecnología no alcanza, y esa información, sin un buen team que la interprete, analice y transforme en insights de valor, no es más que un montón de datos vacíos.


Ah, pero cuando entra un equipo de expertos en escena – Horse, guiño, guiño- esas montañas de datos se convierten en reportes que ofrecen una real ventaja competitiva para cualquier decisión maker que quiera marcar la agenda, generar la diferencia en su industria o sortear contextos complejos que en América Latina, lamentablemente, abundan.


A medida que se acelera la agenda de transformación, los líderes de las organizaciones deben ser los primeros en empezar a sustentar sus decisiones en datos. La disrupción del mercado, la pandemia, el despliegue a 10x de la tecnología, la proliferación de habilidades y unidades de negocio emergentes, impulsaron esa urgencia y los CEOs hoy se ven obligados a tomar decisiones críticas y hacer virajes de timón que, sin datos de confianza en los que basar sus estrategias y decisiones, probablemente choquen con un iceberg. Y no alcancen los salvavidas.


Escalabilidad, innovación, sostenibilidad y agilidad son atributos clave para surfear el nuevo modelo económico. Los CEOs deben tener un enfoque de futuro para capitalizar su posicionamiento en el hoy y planificar el de un mañana que no tenemos ni idea cómo va a lucir. En la actualidad, los planes a 5 años no sirven – en menos de 3 años tuvimos una pandemia y una guerra – y los líderes deben tener una base confiable para poder reaccionar de forma ágil, tomar decisiones complejas sin margen de error y actuar en función de conocimientos sólidos e información real.


La big data está cambiando lentamente la forma en que las compañías piensan, operan y crean valor y una empresa con un CEO que promueve una cultura que valora la capacidad de análisis de los datos es un CEO inteligente. No es un as bajo la manga, es el mazo completo. Es el beneficio competitivo de esta nueva era y todas aquellas personas que son influyentes hoy, tienen esas cartas y saben cómo usarlas.


Por ejemplo, a través de la metodología que utilice cada consultora – en nuestro caso Charly a quien ya presentaremos formalmente – se pueden mapear más de 8 millones de artículos periodísticos, cientos de medios de comunicación y más de 160,000 de interacciones en redes sociales, por ejemplo. ¿Qué dimensiones se miden para determinar el grado de influencia de un ejecutivo? Además de los medios de comunicación, se analizan las ponencias en espacios clave para los negocios, sponsoreos y auspicios, roles institucionales de los ejecutivos, contenidos patrocinados, eventos relevantes, participación en cámaras y asociaciones industriales, y perfiles de RRSS como Twitter y LinkedIn.


No sólo es importante entender cómo está posicionado un CEO con relación a su industria o campo de acción, sino también entender cuál es su nivel de relevancia en los temas que impactan su grado de influencia, ya sea innovación, sustentabilidad, diversidad o cambio climático, que muchas veces no tiene que ver con su negocio per se. Pero para determinar la capacidad de influir de un ejecutivo es importante saber también qué están haciendo los otros agentes de poder que pululan dentro del ámbito en el que busca posicionarse o pretende seguir siendo referente.


Antaño, la medición de influencia era terreno de las conclusiones naturales que partían de intuiciones o miradas subjetivas acechadas por valoraciones sesgadas. Hoy, son los datos los que hablan: CEOs y empresas ya no sucumben a un top of mind contaminado o al retrato pixelado que perpetúan determinados medios.


La influencia se construye y aquí es donde consultoras en estrategia como Horse, que basan sus recomendaciones en big data, asumen un rol fundamental en el posicionamiento de los CEOs más influyentes. La gestión de la influencia es la nueva fórmula de la Coca-Cola para el éxito de cualquier organización. Y no hay ninguna Pepsi a la vista.


A modo de call to action querido CEO, si aún no acudiste a la big data, es momento de empezar a tomar decisiones impulsadas por datos. Pero ojo que, repetimos, no se trata sólo de tecnología: hay que dar con los profesionales que tengan la experiencia y habilidad de leer esos datos, identificar oportunidades o falencias y armar un plan de acción acorde al propósito y objetivo correspondiente. No se trata de actualizar un software o darle una tarea más al data scientist que poco sabe de posicionamiento. Como en casi todos los eslabones de la cadena de valor, las personas son la variable fundamental. Para obtener información estratégica a partir de esos datos, hay que invertir en los especialistas y en la tecnología adecuada. La herramienta sin un dueño que la sepa usar no sirve de nada.

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